En España solemos utilizar el término crisis como sinónimo de mal. Es un mal uso. Crisis viene del griego y etimológicamente significa conciencia de cargo, algo parecido a que las cosas tienen que cambiar o van a cambiar. En Economía, desde el año 2006 se estaba en crisis, sabiendo que el ciclo de prosperidad económica se terminaba y las cosas tenían que cambiar para peor.
Hoy el cambio ya se ha producido y estamos en pura recesión económica, que los expertos anunciaron para el segundo semestre de este año y, sobre todo, para el año 2009. La Escuela Austriaca de Economía y, en España, el profesor Huerta de Soto, que divulgó las teorías del premio Nobel Hayek, explican muy claro cómo se llega a esta situación y cómo se sale de ella.
No caeré en la petulancia de entrar en el análisis de una materia de la que no sé. Pero a quién esté interesado le recomiendo la lectura del libro “Nuevos estudios de Economía”, del profesor ya citado Jesús Huerta de Soto. Como representante empresarial sólo puedo advertir a los míos que no esperen milagros políticos. La Economía es una ciencia que regula la escasez y, aunque no sea exacta, no tiene nada que ver con las ideologías que pertenecen al mundo de los sentimientos. La Economía, como tabla de multiplicar, no es de izquierdas ni de derechas. Decir lo contrario sólo se puede hacer en los mítines. Nuestro presidente del Gobierno ha emprendido una huida hacia delante anunciando paliativos para los más pobres, incluidos los del Tercer Mundo.
De la recesión se sale como dice Solbes, moderando salarios, disminuyendo el consumo, lo que es igual a menos producción, lo que generará paro para unos y pérdidas para otros. Olvidémonos de créditos baratos. ¿Alguien cree que volverán los créditos y préstamos sin comisión de riesgos? En todo el mundo occidental eso no se verá. Es momento de ahorrar, cuidado pues con las inversiones del pequeño empresario del Guadalhorce. El consumo se hunde por una larga temporada.
Que el aviso es tardío me consta, pero de alguna forma tenemos que decirle a los comerciantes y pequeños industriales que la situación económica, en el próximo año, va a mostrar la cara más cruda. Lo peor está por venir, y va a durar. Que Portugal e Italia lo van a pasar peor le puede servir a alguno de consuelo, pero nuestros males son tan graves como quieran ver la paja en el ojo de los vecinos. Ellos tienen sus cuentas nacionales hechas unos zorros, no es nuestro caso. Pero tenemos males endémicos que han aflorado por la casi pasada crisis financiera mundial. Esos males vienen de lejos, pero ningún gobierno se juega unas elecciones afrontándolos. Volveremos al diálogo social, y dialogaremos hasta quedarnos con la boca seca. No obstante, ni sindicatos ni empresarios podemos asumir una responsabilidad que sólo es del que publica el Boletín Oficial.
Distinto es el diálogo abierto con el Ayuntamiento de Álora, ya que ni unos ni otro podemos arreglar España, simplemente procurar que el sufrimiento sea el menor para empresarios y trabajadores.
Puestas así las cosas, sigamos la tradición española de buscar un culpable, cortarle la cabeza y acto seguido olvidarnos del problema. Culpable cada uno tiene el suyo. Adelante, ¿habrá que desfogar?.
La máxima unión e información ayuda a pasar el trago. Cada uno por su lado terminamos en la triste soledad preguntando: ¿En qué me he equivocado? En nada, compañero. Las cosas son como son y no como queremos que sean.
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