El castellano se rompe
Hay dos teorías sobre cómo vender diarios a toda costa. Los periodistas ingleses del sensacionalista Daily Mirror aseguran que no existe ninguna noticia, por importante o llamativa que sea, que merezca repetir en primera plana más de dos días consecutivos; que el lector, a la tercera portada, se aburre y bajan las ventas. En España la escuela es justo la contraria. Los sensacionalistas patrios han demostrado que la mejor fórmula para vender periódicos, si la ética profesional no es un problema, consiste en encontrar un tema bandera y perseverar en él hasta que, por insistencia, la noticia adquiera la importancia necesaria como para que se note en el quiosco, en la convivencia y, si es posible, en el Congreso de los Diputados. ¿Sólo dos portadas? Todo lo contrario: doscientas si hacen falta. “Si no pasa nada, tendremos que hacer algo para remediarlo: inventar la realidad”, decía el ciudadano Kane, William Randolph Hearst. Si resulta que España no se rompe, si la mochila de la conspiración ya no es bórica, si después de presumir de poner y quitar presidentes del Gobierno ya no podemos ni con el líder de la oposición… tendremos que hacer algo para remediarlo. Tú pon el manifiesto que ya te traigo yo a los intelectuales. Vamos a descubrir el Mediterráneo y después nos indignaremos porque el agua está salada.
Inventar la realidad, y en ello están. Aunque parezca increíble escuchando según qué radios, leyendo según qué diarios, el modelo educativo bilingüe con el idioma menos conocido como lengua vehicular no fue un invento de catalanes, gallegos, mallorquines, valencianos o vascos. Décadas antes de que naciesen las ikastolas, la clase alta española ya enviaba a sus hijos a colegios donde el profesor no se dirigía a ellos en castellano sino en italiano, francés, inglés o alemán. Esperanza Aguirre, por ejemplo, estudió en uno de estos centros de élite, el Instituto Británico de Madrid, y gracias a eso hoy puede presumir de hablar un inglés muy superior a la media de nuestros políticos sin que por ello se haya convertido en una analfabeta en su lengua materna. La teoría pedagógica era entonces la misma que ahora: como el entorno en el que crece el niño es castellanoparlante, la mejor manera para que aprenda bien dos idiomas es que use el otro durante las siete horas al día que pasa en la escuela.
Los mismos que consiguieron que media España se hiciese experta en los componentes explosivos de la Goma 2 ECO ahora han descubierto escandalizados, con unos cuantos años de retraso, que en las escuelas públicas catalanas los niños son escolarizados en catalán. Como si fuese una novedad, como si no fuese un modelo educativo que –con sus pros y sus contras– no hubiese arrancado en 1980. Estos planes de estudios llevan en marcha 28 años y hace ya más de una década que todos los alumnos catalanes están escolarizados en catalán. El desarrollo de este modelo llegó a su plenitud precisamente cuando gobernaba el Partido Popular, en unos a